Memorias musicales a punta de pistolas y rosas

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Ante el regreso a los grandes escenarios de los famosos rockeros californianos Guns N’ Roses y ad portas de su segunda visita a Colombia, este noviembre 24 en Medellín, escribo estas líneas revolviendo el baúl de los recuerdos, entre una lluviosa noche de noviembre en Bogotá y un infernal verano nocturno de julio en La Ciudad del Amor Fraternal. Crónica especial para este portal y para mis amigos de La Cháchara.

Por: Pedro Suárez.

Edición textual: Jorge Mario Sarmiento.

Fotos: Philadelphia Magazine, Las 2 Orillas, Henne Music Blog (portada).

Videos: Noticiero 24 Horas (archivo) y Pedro Suárez.

Guns N’ Roses fue una banda que marcó mi vida, una llave que abriría una gran puerta la cual fue llevándome a un largo e infinito camino hacia la estridencia, la rebeldía y la pureza del Rock & Roll y del Heavy Metal (y sus más densas versiones) el cual todavía no acaba a pesar de mudarme al cuarto piso biológico.

Gracias a ello, la pandilla de locos, excéntricos y escandalosos músicos con la batuta compartida entre Axl Rose y Slash junto con Duff McKagan, Dizzy Reed, Izzy Stradlin y Steve Adler (reemplazado por Matt Sorum para Use For Your Illusions I & II) recorrieron todos los rincones del mundo sometiéndolo a sus incansables notas sonoras, desde baladas románticas como Sweet Child Of Mine hasta punteos fuertes como You Could Be Mine, desde líricas polémicas como My Michelle hasta sonetos de desamor como November Rain o Don’t Cry, en el que todos los amantes del rock (y no rockeros incluso) enlazaron sus sentimientos y recuerdos en cada una de sus canciones.

A inicios de este año, la banda regresó oficialmente a los escenarios zanjando sus grandes diferencias que parecían irremediables en el Coachella Festival de este año (16 al 23 de abril en California) seguido de un concierto en el nuevo T-Mobile Arena de Las Vegas en ese mismo mes anunciando su gira por los Estados Unidos para este verano en curso. La boletería empezó a agostarse como cuando una plaga insaciable devasta sin piedad una hectárea de campo cultivable. Los Guns N’ Roses sabían eso. La maquinaria de hacer dinero empezó a aceitarse rápidamente; muchos medios especializados afirman una ganancia por show de hasta 3 millones de dólares. Y todavía el grupo se encuentra de gira mientras escribo estas líneas.

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Foto: Las 2 Orillas.

Para no desviarme por las ramas, me remitiré a enlazar el rompecabezas de mi memoria en esos dos conciertos con una diferencia cronológica de 8.628 días: en otras palabras, mi primera vez como espectador de su histórico concierto en el Estadio El Campín de Bogotá un domingo 29 de noviembre de 1992 y mi reciente reencuentro en vivo el pasado 14 de julio de 2016 en el Lincoln Financial Field de Filadelfia, mejor conocido como la casa-estadio del equipo de fútbol americano The Eagles.

A diferencia de su pasado glorioso cargado de sus escándalos y sus tardanzas al iniciar sus shows, esta vez unos maduros Guns N’ Roses empezaron a tiempo bajo un calor infernal veraniego (los termómetros marcaron 96º F, alrededor de casi 37º C pero, ¡con sensación de 48º C!); un contraste de su show en Bogotá donde la temperatura oscilaba entre los 11º C y que bajaría dramáticamente gracias a la lluvia acaecida. En ese entonces, la banda estaba en su apogeo ya que habían estado en gira mundial promoviendo su famoso doble disco Use Your Illusions; en su recordado concierto en la capital colombiana Axl siempre diría a los medios especializados que ese concierto quedaría estampado para siempre en sus mentes por cómo llovió torrencialmente mientras cantaron November Rain.

Yo tenía 16 años, cursaba décimo grado, tenía cabello corto y me había ido en un Aerosucre aguantando las incomodidades de un DC-3 de carga pero con una boleta que me había ganado en un concurso de la extinta emisora Radioactiva en Barranquilla; en este show reciente y a pesar de su sonado retorno con un disco que generó al inicio más incertidumbre que expectativa (Chinese Democracy en el 2008), la banda ya es una gloria del pasado pero que todavía llena estadios, tengo 39 años, unos kilitos de más, una abundante cabellera y chivera, compré mi boleto en la preventa por Internet cómodamente en mi casa en Filadelfia, y me desplacé al sitio en mi carro con aire acondicionado y unas botellas de agua debido a la ola de calor extremo.

En el 92, la banda estaba completa (lo había enunciado al principio) y a pesar de que andaban juntos, las diferencias se notaban tanto que era algo normal en medios sus peleas, discusiones y hasta destrozos en algunos lugares donde pernoctaban; la situación era a veces estresante, simplemente ya estaban hartos de sí mismos y prueba de ello fue el estrepitoso Spaguetti Incident en diciembre de 1992 sellando una retirada masiva de sus miembros en 1994. Hoy, sólo 3 de la alineación original retornaron a las arenas como una manera de que dichas diferencias y pleitos ya quedaron totalmente sellados, la madurez los ha invadido siendo cautelosos y precavidos y se notaba un cierto agrado y simpatía entre la tripleta Axl, Slash y Duff en la tarima; si, eran otras épocas y en este presente Guns N’ Roses es diferente, pero con el mismo estilo y talento.

Foto: Max (Youtuber).
Foto: Max (Youtuber).

El concierto que abrió a Bogotá y a todo el país al mundo de las giras masivas solamente duró entre 45 a 50 minutos en promedio antes de su obligada interrupción debido a la lluvia que dañó el techo de la tarima, por cierto muy modesta y sencilla; empezaron con Welcome to the Jungle en el que la euforia de una multitud joven y rockera reventaba los cimientos del estadio El Campín; aún recuerdo la horda de mujeres quienes sin importarles el frio capitalino lanzaban como locas enamoradas sus sostenes y algunas quedaban en topless hacia la tarima de Axl (muy similar a la histeria femenina colectiva en la era The Beatles). Otras canciones que tocaron fueron: Mr Brownstone, It’s So Easy, Civil War, So Fine (para mí la que más causó histeria al ser cantada por todas las chicas presentes), Patience, y claro, la recordada November Rain.

En Filadelfia, alrededor de 2 horas y 25 minutos fueron insuficientes para muchas canciones que se quedaron fuera del set-list pero que animó a los casi 80.000 espectadores que atestaron el estadio de los Eagles. Con un escenario de lujo en el que se evidenciaba lo último en tecnología (luces inteligentes, 3 pantallas grandes -una de ellas en el centro la cual se armaba y desarmaba varias veces-, juegos pirotécnicos y amplificación excelente), los californianos abrieron con It’s So Easy terminando con el uso de la pólvora aumentando la histeria.

Me sentí en un concierto “ambiente familiar”: muchos que éramos jóvenes ahora ya evidenciamos la edad (arrugas, calvicie, gordura, miopía…) y otros además iban con sus hijos y nietos quienes como si fuera un ritual generacional les enseñaban quiénes eran estos héroes de epopeyas musicales; nadie se quedó sentado y rockearon como jóvenes en su apogeo cada uno de los temas en el que Slash hizo un solo majestuoso ejecutando el intro del filme El Padrino (Andy Williams) y un después un jam session con Duff tocando Wish You Were Here (Pink Floyd); finalmente terminaron con Paradise City, la cual se despidieron a lo grande con mucha pólvora, luces a granel y una venia general de la banda que rompió en una ovación eufórica. Cabe anotar además que Axl se cambió de ropa en muchas oportunidades en medio del calor extremo en el que, literalmente, grandes chorros de sudor lo bañaron de principio a fin, demostrando un profesionalismo innato y plausible. Aplausos, para la banda de las armas y las rosas.

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Foto: Philadelphia Magazine.

Al término del espectáculo, viví dos contrastes: mientras en el concierto del 92 en Bogotá hubo desordenes, actos de vandalismo y enfrentamientos con la policía referenciando la culpa a “lo satánico y oscuro del rock de los Guns ‘N Roses” por parte de muchos (incluyendo la prensa) y desconociendo que la responsabilidad desacertada fue por los organizadores por cancelar una fecha debido a que parte de los equipos de amplificación estuvieron retenidos en el aeropuerto de Maiquetía por el intento de golpe militar liderado por Hugo Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez en la vecina nación, en este show de retorno en Filadelfia todo estuvo calmado, tranquilo y sospechosamente sobrio. Amigos, familias y desconocidos salían en orden, con cultura y con una gran sonrisa dibujada en sus rostros de haber presenciado una vez más a una de las bandas rockeras más famosas del mundo. Quizás por eso es que los Guns N’ Roses todavía tienen con qué convocar y dar rienda suelta a su talento, su rebeldía, y sus ganas de rockear un rato más. Welcome back to the jungle, folks!

Video It’s So Easy en vivo en Filadelfia (14 de julio de 2016).

Video archivo 24 Horas sobre destrozos concierto de Guns N’ Roses en Bogotá (29 noviembre de 1992).

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